CRÓNICA DE LA MARCHA NOROESTE: PÉRDIDOS HASTA AREVALO

Tras una amena tarde de descanso en donde ya los pequeños conflictos fruto del cansancio de tantos días caminando se habían resuelto, tras una pequeña asamblea en aquel pueblo que sin duda, era el típico de la llanura castellana en donde los mayores gozaban de sus vidas jugando al mus; en donde las viejas miradas conjugaban felizmente con las más jóvenes, entre el gentió, el olor a tabaco, las cervezas sin terminar; pasos que apenas podían avanzar debido a los años acumulados, resplandecidos por el vero Sol que se ponía al final de un pueblo que se consumía a la vera de la autopista que lo surcaba. Y llegó la Noroeste tras una asamblea que como en el capítulo anterior dije, apenas fue gente, si acaso un pueblo más de Castilla en el que se escuchó nuestra voz, la de los parados, jóvenes, trabajadores, parados, ancianos, todos juntos bajo una misma premisa: LA DIGNIDAD COMO SERES HUMANOS.

Y llegó la cena en la que nuestro querido cocinero Alejandro nos preparó unos ricos macarrones unido a una improvisación jugosa: Salsa de albondigas unida a su carne. Algo que sumamente delicioso nos llenó el estomago a todos y se hizo la hora de dormir, en silencio, en total oscuridad, y por fin, un descanso taimado, mudo, en el que los sueños volvieron a ser alegres y las voces dieron paso a los ronquidos…

DESCANSO…

Amaneció la mañana con un cielo despejado, un Sol puntero que nos iluminó a todos y que a rezagados y no tanto, despertó. Debiamos de salir a las siete y media, por lo que se durmió media hora más en vez de como todos los días solemos hacer, levantarnos a las seis en punto. Desayunamos bien, un poco escasos por el tiempo que se nos echaba encima, y es que Castilla es guapa pero estrecha (…) y sobre todo traicionera, sobre todo a partir de las once que es cuando el calor comienza a arreciar con fuerza. La etapa en un principio era corta, poca cosa para la Noroeste que tres días antes se había metido la chapurrada de treinta kilómetros hasta Medina del Campo, en un principio claro. Y es que como en todo, siempre hay personajes, personajes que cuando se leen en nóvelas de ficción, de batallitas pérdidas, uno piensa que solo están en las letras, pero ya se sabe, como suele pasar, la realidad suele sobre pasar a la ficción. En este caso surgió la figura del Alcalde como así llamaremos a nuestro protagonista. Y la marcha comenzó…

Comenzó el camino con una pequeña trepada digna de los montañeros más ávidos, propia de Castilla en la que no teníamos ni idea del camino al andar, tan pronto como comenzamos nos topamos con un camino que chocaba con la carretera y había que trepar una pequeñisima cima, pero que nos despertó a todos un poco. Y comenzamos a seguir la carretera, en concreto hacía el oeste creo recordar. Fue el Alcalde, personaje de pueblo, alcalde de uno de estos tantos perdidos que rodean la ciudad de Valladolid, persona de buen obrar, de buenas intenciones, de buen juicio, aunque de mentalidad algo tosca. Hoy era su día, quería guiar a la Noroeste, ser el líder que la llevase hasta la victoria, a conquistar Madrid. Así que bueno, ya que no había candidatos y las mentes estaban ya muy mermadas, se decidió otorgarle la corona de laurel y que fuera Cesar al menos por un día, y vaya la que lió, si de tiempo atrás Cesar Augusto hubiera sido, no quiero imaginar que Roma habría sucumbido quinientos años de su caída conduciendo a las legiones por caminos empedrados hacía ninguna parte…

Ya desde un primer momento la Noroeste se dividió en tres bloques: Uno, la cabezada dirigida por el Alcalde, marcando paso firme, modos continuados por el Legionario, los Astures, el Galego y los Pucelanos. El otro era el paso medio movido por los rezagados que trataban de avanzar y no podían, y que finalmente terminarían uniéndose a los que no llegaron que conformaban el grupo, aunque alguno conseguiría sobrevivir y meter alguna carrera para alcanzar al primer bloque. Y el caso es que llegó un momento en el que ¡oh vaya, no sabíamos a donde ir! quizás un sapo herido en alguna trifulca sapera fue mal indicio de lo que nos pasaría, y al cual sacamos de la carretera y cobijamos en unos árboles. Y es que pensando un poco, viendo que la carretera viraba hacía casi el Norte, el pueblo al que daba se llamaba Muriel de Zapardiel, por lo que habíamos andado, solo cuatro-cinco kilómetros. Al final alguien sacó una brujula y descubrió que nos habíamos desviado gracias a la sabiduría del Alcalde que se empeñaba él solo en tirar hacía el oeste…DE QUE NOS HABÍAMOS EQUIVOCADO A LO TONTO Y A LO BOBO. Hubo que ir a por él para hacerle cambiar de torcedura, pero él sabio, fiel a su sabiduría de las hortalizas siguió empeñado en tirar solo…Así que al final optamos porque si el Alcalde seguía el solo había que dejarle en su conquista de las tierras castellanas hacía el oeste, nosotros queríamos ir a Madrid, no a Portugal, allí no se nos había perdido nada. Y pues nos tocó cruzar un campo abierto, en silencio, en donde el calor ya comenzaba a notarse, y de repente, una figura misteriosa nos alcanzó de la nada,¿adivinan quien era? ¡el Alcalde, el Alcalde quería seguir dirigiendo a las tropas, la Noroeste era suya, daba igual que los miembros de la compañía Noroeste blasfemaran su nombre por cinco kilómetros de más, él era el Cesar, y como tal había que seguirle si o sí hasta la muerte. El día anterior ya lo había demostrado subiendose al puente de la autopista en Ataquines y jugandosela al caer señalando la dirección gloriosa hacía el polideportivo. Le daba igual, se creía inmortal. Gajes del que lleva tres días y se cree conquistador de las tierras y los mares…

Al final llegamos a un pueblo en el que allí estaba él dirigiendo y señalando la dirección exacta, y que por poco nos perdemos de nuevo tras haber descansado y comido un poco. Al final vimos una dirección exacta debido a que había señales del camino de Santiago desde Madrid. Así que tras caminar un poco, esta vez sin el Alcalde, un grupo se perdió y decidió optar por otra vía hacía Arevalo. El resto de la compañía decidimos optar por lo seguro, todo recto y pá lante. Así que al final llegamos a un pueblo marcado por su castillo, su centro apedrado, y sus bellos torrejones que marcaban que sí, al final habíamos llegado, pero pagando el coste de 25 kilómetros con los pies llenos de ampollas. Lo bueno fue cuando a los Astures, tan fieles a su estilo de ondear la bandera de su tierra, les saludó todo el pueblo, que aún recuperandose de la resaca de las fiestas de los días anteriores, remátandola con más alcohol si cabe, saludaban y chillaban emocionadamente. Gracia fue cuando nos solían confundir con los mineros y más graciosos aún, sus lemas en favor de que quemaramos el Parlamento de su parte, pero que les dejaramos un poco para ellos cuando tuvieran tiempo de acercarse.

Llegamos, sí, cansados, pero llegamos, a un polideportivo centríco y allí Alejandro, el cocinero y el verdadero coordinador de la marcha, el que lo está llevando todo, junto con Paula, la supervisora, nos preparó unas lentejas con chorizo riquisimas que nos dio fuerzas para rematar la jornada con una buena siesta. Así que bueno, sin más se cerró la jornada con una asamblea de la que en el próximo capítulo hablaremos un poco más.

 

 

 

 

Fuente: http://revolucionanonyma.blogspot.com.es

 

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Una respuesta a CRÓNICA DE LA MARCHA NOROESTE: PÉRDIDOS HASTA AREVALO

  1. hippieyo dijo:

    Animo chicos !!! Y no os volvais a perder …
    Un abrazo grande

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