Argentina a 11 años del “corralito” y las Asambleas Populares

Argentina desde mediados mediados de los ‘80  agravo su crisis, comenzando un proceso de recesión, con una inflación que fue en aumento,  graves desequilibrios fiscales, inestabilidad macroeconómica de corto plazo, un alto grado de incertidumbre, un abultado endeudamiento externo y  ocasionando que el país quedara sin prácticamente reservas internacionales, todo ello también genero un proceso de  desocupación creciente.

Durante el período comprendido entre los años 1997 y 2001, las Provincias Argentinas aumentaron

su stock de deuda en aproximadamente $18.100 millones.

Las Provincias y los Municipios recurrieron, paulatinamente, a la utilización de los recursos provenientes de la Coparticipación Federal de Impuestos como garantía de las operaciones de las mismas, ocasionando el creciente endeudamiento. Estas políticas llevaron a que la falta de recursos no afectara al pago de los servicios de la deuda, sino, en realidad, al pago de salarios y otros gastos operativos de las mismas. De esta forma, se genero un círculo vicioso, ya que para cubrir dichos gastos, los Gobiernos Provinciales y Municipales debían obtener financiamiento adicional que provenían de  entidades bancarias y de la emisión de títulos públicos. La mayoría de los prestamos tomados fueron destinados a  la  financiación de deudas y, en menor medida, al pago de deuda flotante de ejercicios  anteriores y a solventar gastos de funcionamiento, lo cual estuvo relacionado con la aguda situación fiscal y los sucesivos déficits que existieron durante estos años

Para hacer frente a estos problemas, se llevaron a cabo distintos planes con el objetivo de paliar la profunda crisis, aunque no tuvieron éxito.

A partir de la década del ‘90, las políticas en la Argentina apuntaron a la consolidación de programas económicos de corte neoliberal, dirigidos, entre otras cosas, hacia una reducción de las funciones del Estado.

Esta situación produjo un aumento en la conflictividad social, las personas fueron cobrando conciencia de la inminente bancarrota. El gobierno acabo decretando la prohibición de retirar fondos bancarios mayores a  U$250 semanales, esta medida en vez solucionar las cosas genero pánico en la población ocasionando el colapso en la cadena de pagos de las pequeñas y medianas empresas. Al mismo tiempo, el FMI decidió no,liberar un préstamo, ya concedido, de 2 mil millones de dolares y esta medida arrastro al Banco Mundial a negar prestamos similares al país.

El 19 y 20 de diciembre de 2001, , miles de personas se volcaron a las calles de Buenos Aires y de las principales ciudades del país bajo el lema “que se vayan todos”, días antes habían sufrido el “corralito” . El estado se mostró incapaz de controlar la situación, por ende el Presidente Fernando De la Rúa, carente de todo apoyo social se vio obligado a renunciar al día siguiente del comienzo de las movilizaciones. La indignación ciudadana en 13 días  tumbo a cinco presidentes a costa de 39 personas asesinadas por la Policía. El 2 de Enero Duhalde fue elegido por la Asamblea Legislativa en medio del caos parlamentario por las movilizaciones populares existentes, se llego a esa decisión a través de un amplio consenso en el peronismo y la oposición, “el caudillo peronista” Eduardo Duhalde logró estabilizar la situación lo suficiente para llamar a elecciones, las elecciones estaban programadas para el 27 de Octubre de 2003 pero tras la “masacre de Avellaneda” finalmente se adelantaron al 27 de Abril.

En este contesto histórico-político tras las jornadas del 19 y 20 de Diciembre vecinos de diferentes barrios comenzaron a reunirse con regularidad y se comenzaron a organizar bajo la denominación de Asambleas Populares o Asambleas Barriales, en la Ciudad de Buenos Aires, Gran Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y otras ciudades del país.

La composición social de las mismas se podría decir que se caracterizo por un alto grado de heterogeneidad, la composición heterogénea hizo de esta acción colectiva su singularidad. Formaban parte mujeres y varones de distintas edades y trayectorias: desde personas que promediaban los setenta años hasta adolescentes, estudiantes secundarios y universitarios, desocupados, ocupados, jubilados, comerciantes, entre otros. Algunos llevaban años de activismo político, otros tenían pocas experiencias de tipo colectivo, incluso había quienes jamás se habían interesado en política. Varios habían intervenido políticamente durante los años 70 y, en ese momento, después de más de veinte años, volvían a involucrarse en este tipo de actividades.

La diversidad de trayectorias, de historias políticas y personales y la confluencia de saberes brindaron una particular dinámica al funcionamiento de las asambleas. En ese proceso, los asambleístas recuperaron conocimientos previos, resignificaron prácticas anteriores y crearon nuevas formas de relación y acción.

La forma de organizarse las mismas era similar a las actuales Asambleas Populares de Pueblos y Barrios de Madrid, se trabajaba desde la horizontalidad, existían comisiones especificas para problemas concretos, evolucionándose de la votación hacia los acuerdos por consenso, la representación de la  asamblea se realizaba de forma rotatoria y nunca por delegación de la misma.

En 2002 un estudio  realizado por Eduardo Ovalles del Centro de Estudios Nueva Mayoría, sostenía  que el fenómeno de los cacerolazos iniciado a fines de diciembre, se había  transformado en una estructura de movilización social permanente, integrada por 272 asambleas barriales que se reunían regularmente.

De acuerdo al estudio, el 41% de las asambleas barriales permanentes (112) estaban en la Capital Federal, distrito que con sólo uno de cada 10 habitantes del país, tenia 4 de cada 10 asambleas. Se trataba de un fenómeno de protesta y participación social, que se inicio fundamentalmente entre los porteños, pero que entre enero y febrero se fue extendiendo al resto del país.

Es así como en la Provincia de Buenos Aires estaban funcionando el 39% del total de las asambleas barriales permanentes del país (105) -casi tantas como en la Capital- en Santa Fe el 14% (37), Córdoba el 4% (11), en Entre Ríos y Río Negro el 1% (2 en cada caso) y en Neuquén, La Pampa y San Juan una en cada distrito.

En el resto de las provincias -que en general tenían un ingreso per cápita mucho menor y porcentajes mucho más bajos de sectores medios-, no se habían organizado este tipo de asambleas.

Sería erróneo suponer que las asambleas barriales surgieron como consecuencia directa y unívoca de los acontecimientos sucedidos el 19 y 20 de diciembre. En Argentina existieron procesos previos en su historia  a lo que fueron las asambleas populares.  A finales del siglo XIX se dio un fenómeno histórico llamado  “fomentismo”, constituido mayoritariamente por Juntas Vecinales y Consejos Comunitarios del Gran Buenos Aires el cual cobro relevancia y adquirió mayor arraigo social a partir del proceso de industrialización iniciado en 1930. Sin embargo el antecedente más próximo de prácticas asamblearias, dejando de lado las experiencias que anteriormente enunciamos, lo constituyeron el Movimiento de Trabajadores Desocupados (los llamados piqueteros) grupos trabajadores  que en diversos barrios comenzaron  a organizarse desde fines de 1996.

Desde diciembre de 2001, las asambleas en una primera fase, en sus primeros meses, tuvieron principalmente un carácter deliberativo y contestatario, la lucha se centraba en el reclamo de planes de empleo ante la desocupación, se exigían subsidios dignos para los desocupados,  más alimentos para los comedores populares, solidaridad con las fábricas recuperadas para los trabajadores, hechos imprescindible para masificar, pero que a la vez absorbía grandes energías al vecindario, diluyendo la perspectiva de lucha más general.. Las situaciones evolucionaron, y tras seis meses de la rebelión del 19 y 20 de diciembre las empresas recuperadas resistían , las calles y las plazas se continuaban llenando de asambleas, las rutas y los puentes eran de los piqueteros. Para el estado no era suficiente con hacer crecer sobre los movimientos y organizaciones sociales las amenazas, secuestros, simulacros de fusilamiento, ,incluso asesinaron a personas (Javier Barrionuevo en Esteban Echeverría el 6 de febrero y unos meses después hirieron de bala a Juan Arredondo en Lanús), intentando generar miedo en la población, el gobierno de Eduardo Duhalde, necesitaba desencadenar una ofensiva represiva mayor sobre el pueblo para frenar las revueltas crecientes y en este contesto se produjo la “masacre de avellaneda”, desatada el 26 de junio de 2002 con balas de goma y balas de plomo por un operativo conjunto entre la Policía Federal, la Policía de la provincia de Buenos Aires, la Gendarmería Nacional Argentina y la Prefectura Naval con el resultado de dos piqueteros muertos por disparos de la policía y 34 personas heridas de bala.

La variedad y masividad de estas luchas llevó a un importante sector de la población y a sectores de la Izquierda a opinar que la Argentina estaba entrando en una situación revolucionaria

Hasta la victoria de Néstor Kirchner en Abril de 2003 el movimiento de Asambleas veía aumentar su fuerza, aunque las organizaciones de la izquierda tradicional, en general, interpretaron el fenómeno como un nuevo espacio para captar militantes. Muchas veces la asamblea fue el espacio en la cual diversas organizaciones disputaban sus espacios de poder, contribuyendo, de esa manera, a su disolución incluso antes de la llegada de Kirchner al poder. En determinados casos, la militancia se encontraban en la disyuntiva entre reproducir la línea de su partido o acomodarse a la laxitud de su asamblea. Ello se expresó cuando asumían ciertas posiciones políticas y usos de metodologías que no siempre coincidían con el perfil de sus sedes matrices. Es posible que quienes se autoreivindicaban asambleístas se hubieran contaminado de ese clima polifónico y eligieron coexistir con ambas adscripciones a la vez.

Cierto es que no se elaboró en aquel entonces una alternativa popular que expresara una fuerza social y política capaz de ofrecer una respuesta a la crisis de representatividad de la partitocracia dominante. Sobre esa crisis y ese vacío se montó Néstor Kirchner para ofrecer una propuesta política que, tomando algunas banderas del reclamo popular, fuera trayendo “apaciguamiento” de la conflictividad, satisfaciendo así las necesidades de estabilidad que reclamaba, sobre todo, el poder económico dominante.

La más favorable situación económica después del mazazo de la devaluación fue descomprimiendo los índices alarmantes de desocupación. Sobre eso, y sobre la imagen de “cambio” que el kirchnerismo supo imponer a partir de la modificación de la Corte Suprema y los gestos en materia de Derechos Humanos respecto a las causas por represión en los 70, hizo que los movimientos sociales perdieran terreno para sus luchas. La realidad económica de los excluidos no había cambiado estructuralmente (el desplazamiento se produjo, a lo largo de toda la década, de la exclusión se paso a la precarización). Aún así, es cierto que muchxs trabajadorxs recuperaban sus “changas”, o se empleaban, sin estabilidad, en trabajos mal remunerados. Esto alcanzaba para disminuir la presión que pudieran hacer las organizaciones sociales y de izquierdas. Más temprano o más tarde, las expresiones radicalizadas de los nuevos movimientos sociales debieron asumir el “repliegue” de las formas más audaces de lucha, y repensar estrategias para el desarrollo de sus organizaciones.

La embestida intimidatoria hacia algunas asambleas perduraba y se manifestaba en amenazas de desalojo de espacios liberados y agresiones diversas, además, el gobierno de la ciudad de Buenos Aires intento “implicar” a algunas asambleas en sus proyectos, estas “interferencias institucionales” posibilitaron divisiones y un debilitamiento de sus fuerzas aumentando el numero de las que fueron desapareciendo.

En este periodo se produjeron dinámicas muy similares a las que se dieron en el Estado Español, en una primera fase cuando la izquierda llego a los Ayuntamientos en Abril de 1979 y en una segunda fase  en Octubre de 1982 con el triunfo electoral del PSOE. En estos periodos de tiempo, activistas y militantes de movimientos sociales, asociaciones de vecinos, sindicatos, etc, pasaron de la lucha popular a convertirse en cargos técnicos y políticos en las administraciones municipales y del estado. La situaciones de conflictividad decrecieron y la lucha que se había producido por una ruptura con el régimen fascista anterior, prácticamente desapareció. Sin embargo hoy en 2012, se puede constatar que aquel “cambio político” no produjo cambios en las estructuras del estado ni a nivel militar, ni judicial y las reformas que se llevaron a cabo no significaron un avance en el sistema hacia una democracia mas directa, participativa y cercana a las personas. El gobierno del PSOE y las coaliciones PCE (posteriormente IU), PSOE, PSP, ERC, etc…en ayuntamientos,  fueron la mejor herramienta por parte del Estado para impedir cambios en las estructuras del mismo.  En este periodo y posteriormente. Lo material comando lo humano, el objeto domino al sujeto, se perpetuo la dominación.

El Poder no oferto más libertad que la de elegir entre múltiples opciones que perpetuaban el poder de lo competitivo, de los mercados (neoliberalismo), un poder de pugna y dominación. No se supo construir, (puede que se nos dejara esta tarea a quienes luchamos, sinceramente, por un cambio de sistema en 2012), un camino con poder cooperativo, poder para hacer y crecer concertadamente, con capacidad de producir cambios” mediante “un mutuo aumento – no disminución – del poder de otros, donde el empoderamiento se diluyera tras la capacidad transformativa y la capacidad para lograr resultados a partir de toda la comunidad, pero esto no es suficiente, la redefinicion de poder conlleva, su distribución, la construcción de la unidad en la diversidad a partir de principios compartidos entre iguales fomentando una ética de servicio mutuo y reciprocidad, promoviendo un uso legitimo del poder en beneficio de todxs.

En Argentina puede que si hubieran analizado este periodo histórico en España hubieran constatado que en realidad, solamente hay un camino (Unidad, Lucha, Revolución) y que la manera de andarlo (Asambleas, Movimientos Sociales, Sindicatos, Partidos) no es lo importante sino por dónde (proyectos comunes, acciones unitarias, objetivos compartidos, actitudes no apologistas, acuerdos globales) y, por lo tanto, hacia dónde se anda (Revolución y Cambio Social).

A partir de 2003, la  trayectoria de las Asambleas vario en algunos casos, pues se comenzaron a ocupar fincas abandonadas, con el objeto de recuperarlas para su uso público, donde se crearon comedores y ollas populares, se organizaron clubes de trueque,, compras comunitarias, huertas comunitarias y hasta incluso pequeños molinos harineros, se generaron también proyectos de economía social, además de otras experiencias.

Se constituyo una Asamblea Interbarrial, se considero que se estaba gestando un emergente de coordinación entre las distintas asambleas que venían funcionando desde el mes de diciembre en Capital Federal y otras áreas, sin embargo poco a poco su rol se fue desvirtuando y se paso de la construcción de un espacio para discutir los objetivos comunes.,a un espacio para la resolución de los conflictos y mezquindades de los partidos políticos y organizaciones de izquierda más sectarias.

Durante el proceso de división otro ámbito de articulación asamblearia fue el llamado Espacio de Colombres cuyo nombre alude al Centro Cultural creado por ex empleados del Banco Mayo, y que fue utilizado por numerosas organizaciones sociales y políticas para la realización de reuniones y encuentros en común  En este caso, su surgimiento se vinculo con algunos partidos -el Partido Obrero, el Movimiento Socialista de los Trabajadores y el Partido Comunista- que explicitaron al interior de las asambleas barriales la necesidad de configurar una instancia en la cual confluyan movimientos de tipo social con organizaciones “estrictamente políticas”.

Pero no se puede culpabilizar de la división asamblearia exclusivamente a los partidos, también tienen culpa quienes desde posiciones “autonomistas” plantearon lineas políticas concretas alejadas de la búsqueda de confluencias en la construcción de lo común. Por ejemplo las llamadas “Asambleas Autonomistas” en una de sus reuniones nacionales planteaban; 1. La unidad asamblearia desde la autonomía y la diversidad; 2. La construcción de una Red Nacional de Asambleas; (“propias”) y  3-La construcción de una “herramienta política nueva, útil para promover el cambio”.

 Autonomía y Autonomismo difieren en que el primer termino por si mismo no tiene ningún componente ideológico concreto ni lo pretende y el segundo si, por ello cuando se hablaba de “unidad asamblearia desde la autonomía” la realidad era que se planteaba una apología del autonomismo, que distaba mucho de un proceso de construcción desde la diversidad, cuando se hablaba de “herramientas nuevas para el cambio”, se estaba planteando una linea ideológica concreta de pensamiento y acción muy alejada por desgracia de la búsqueda de procesos unitarios y cuando se hacia mención la construcción de una “herramienta política nueva, útil para promover el cambio”, se prentendia la construcción de herramientas desde el autonomismo y no desde la unidad de la izquierda y los movimientos sociales.

Difícilmente se pueden construir  procesos revolucionarios desde la división y la incapacidad para encontrar puntos de acuerdo, cuando se pretende potenciar lo propio en vez de lo común.

Aunque cueste creerlo, el motivo fundamental por el que la economía argentina no colapsó aún más profundamente, ni cayó en la vorágine de la hiperinflación (como predijo el FMI), sino que comenzó una temprana recuperación, fue por la movilización popular. Fue la movilización popular la que posibilito más margen de maniobra a Lavagna en sus negociaciones para dejar de pagar la deuda externa, al menos por un tiempo, al trasladarles el temor de que se podía trastocar el orden social en toda la región. Fue la movilización la que evito mayores vaciamientos de empresas mediante el apoyo a la lucha sindical (caso Aerolíneas Argentinas) o mediante la amenaza de la toma de fábricas y su puesta en funcionamiento bajo control obrero. Fue la presión social la que logró evitar que la economía argentina cayera más profundamente. Como reconoció Lavagna frente a los empresarios;

La «situación social» es el «telón de fondo» de todas sus políticas económicas: «La estabilidad social, la estabilidad política y en consecuencia la estabilidad económica están íntimamente ligadas a que podamos seguir con la política de contención, primero, y de mejoramiento de la situación social después. El que crea que se puede llevar adelante un plan económico sin mirar lo social se equivoca» (Clarín, 15/5/03). En suma, fueron las luchas populares también las que impidieron la hecatombe del sistema, por sus malas políticas De estas verdades también hemos de aprender.

A las utopías hay que darles contenidos, son los momentos de los proyectos, se tienen que poner en juego la reflexión, el estudio, las organizaciones, las creaciones, en una palabra los instrumentos mediante los cuales se vayan realizando los anhelos, deseos, objetivos, reclamadas por las personas en su malestar..

En el articulo se ha hablado del MTD (Movimiento de Trabajadores Desempleados) en los procesos previos al nacimiento de las Asambleas Populares.

El MTD se ha definido como una organización “popular, de hombres y mujeres” , trabajadores y desocupados, que han formado un “movimiento” (y no un partido o un sindicato) para empezar a “resolver entre todos los problemas de todxs”  .

Esta organización se plantea autónoma “de los partidos políticos, los sindicatos y la Iglesia” , pero tiene como criterio básico la coordinación con los otros sectores del campo popular

En el MTD, el diseño, ejecución y evaluación de las actividades del movimiento no corren por cuenta de una estructura de “militantes políticos” de alguna organización que vengan a ayudar, organizar o dirigir a los vecinos hacia la Revolución, sino por cuenta de los mismos vecinos del barrio, que comparten problemáticas, sueños y una identidad local. De este modo, las transformaciones operadas en y por la organización, se traducen en cambios experimentados por los vecinos y por la propia comunidad.

El MTD define el poder popular a partir de un conjunto de criterios que comprenden: la construcción territorial” (es decir, la organización se asienta en el territorio, en el barrio, “crece y se desarrolla con un sentido de ‘masas’”),  “en base a esto se estructura un movimiento que asentado en los barrios, busca mejorar las ‘condiciones de vida’, buscando responder por las distintas reivindicaciones (salud, educación, vivienda, servicios, problemas de la mujer, de los jóvenes, de los niños), ya sea generando iniciativas propias, o luchando por la exigencia del cumplimiento por parte del Estado”; generando“la articulación con otros sectores sociales, desde un movimiento con una reivindicación, se plantean objetivos y reivindicaciones que incorporan a todos los sectores populares”;

Es a partir de la observación critica, analizando el modo en que algunos movimientos han intentado desarrollar formas de acción fomentando conceptos como el de dignidad, poniendo fin a la división existente entre el mundo de la política y el de la economía, perfeccionando nuevas formas organizativas, con una visión constructivista de la realidad, planteando una lógica distinta, una temporalidad distinta de la del capital y el estado, como podremos aprender y comprender, evitando bucles en los procesos presentes y futuros..

Para la propia revolución, es fundamental proponer e insistir en una forma distinta de concebir el mundo, así como en una forma distinta de concebir las relaciones entre individuos. Al contrario de lo que ocurría con el concepto tradicional de la revolución, basado mucho más en una metáfora militar, en la idea de que existía un conflicto entre dos ejércitos, donde para poder derrotar al enemigo, se debían básicamente aceptar los métodos del enemigo. Únicamente un ejército para derrotar al otro, cuya organización fuera exactamente la misma que la del primero.

Una mas entre las luchas, entre las formas de sublevarse, entre las formas de revelarse puede consistir en el desarrollo de un lenguaje que exprese acciones y que el estado simplemente no pueda  entender, generando una asimetría, una ruptura entre la lógica de la dominación, por una parte, y la lógica de la sublevación , por otra.

Esas acciones, esa lógica de la sublevación, no llegara a ningún fin, si no es capaz a su vez de llenar de contenido, lo que es una exigencia a voces, la unidad popular, “el pueblo unido jamas sera vencido”, sin el logro de este objetivo, estaremos en un barco a la deriva, donde desde la apología se culpabilizara a los otros de los fracasos propios.

Grito mudo #12M Sol

http://www.youtube.com/watch?v=SfYFiJTBA_Q&feature=related

Jose Luis L.

 

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