¡Horror! Es Siria

Visité Siria por primera vez en 2002, regresé en 2003 para hacer un filme y realicé otras visitas en 2004 y 2006. Desde que comenzó el conflicto en el país el año pasado, he seguido la situación en los medios de EE.UU., pero no he podido reconocer la realidad de la que fui testigo. Gran parte de las noticias, apoyadas por pronunciamientos de Washington, sonaban como una campaña de relaciones públicas a favor de los “rebeldes”, el Ejército Sirio Libre.

Uno puede leer los reportes o ver los noticieros de TV y no tener la menor idea que bajo los usuales llamados a favor de la democracia en Siria y los ataques el régimen de Assad, se encuentra la verdad no expresada y estratégica: Washington, Londres, París y las capitales menores de Occidente, junto con Arabia Saudí y Qatar, tienen a Irán en la mira, no al régimen dictatorial de Bashar al Assad.

Irán tiene un programa nuclear que podría producir armas con las cuales su voz resonaría más en la región. Uno no lee que Washington había confiado previamente en Assad para que torturara a ciertos prisioneros –después de enviar a esos hombres a Siria junto con las preguntas que quería les hicieran los sacauñas de Assad. Washington también aceptó la información de la inteligencia siria en relación con varios complots contra instalaciones de EE.UU. en la región.

Miles han muerto en el conflicto de Siria, pero a Occidente y a sus aliados regionales no les importa eso ni la democracia. Si alguien piensa que Qatar y Arabia Saudí –regímenes que se distinguen por la autocracia y abusos de derechos humanos, mientras que arman y financian a los rebeldes de Siria para que derroquen a la dictadura alawita/chií -Partido Baath de Bashar al-Assad– están tratando de liberar al pueblo sirio, le sugiero que abra los ojos a la realidad.

Washington calla sus críticas de estos estados islamistas de derecha mientras los califatos saudíes exportan la religión extremista y mantienen a las mujeres bajo estricto control. En los reinados el poder proviene del nacimiento, y no de las elecciones –en ese sentido, similar a Siria. Los saudíes quieren extender su pernicioso veneno de la ideología islamista por medio de los rebeldes salafi-wahabi en Siria. Debiera recordarse también la manera en que la realeza saudí apoyó ardientemente al Talibán en la década de 1990.

Los adictos al 11/9 recordarán que 15 de los 19 asesinos del 11 de septiembre de 2001 provenían de Arabia Saudí. En vez de bombardear Ryadh bombardeamos Afganistán. Los saudíes reprimen a su propia minoría chií de la misma manera en que desean ahora destruir a la minoría alawita-chií de Siria. ¿Cree cualquiera que no esté en Alicia en el País de las Maravillas que Arabia Saudí desea la democracia para Siria?

Luego está la parte iraní de la historia de Siria. El partido-milicia chií de Hezbollah apoya al Irán chií y asiste al régimen de Bashar al-Assad. Durante 30 años Hezbollah ha defendido a los oprimidos chiíes del sur del Líbano contra la agresión israelí. Se han autoproclamado los defensores de los derechos palestinos en la Margen Occidental y Gaza. Pero enfrentados al lento colapso de su despiadado aliado en Siria han perdido el habla. No han pronunciado palabra acerca de las violaciones y los asesinatos en masa de civiles sirios por los soldados de Bashar y la milicia “Shabiha”.

Y tenemos a los héroes de Estados Unidos –la Clinton, el secretario de Defensa Leon Panetta y el propio Obama. Clinton emite una “seria advertencia” a Assad. Panetta –el mismo hombre que repitió a las últimas fuerzas de EE.UU. en Irak y Afganistán esa vieja mentira del vínculo de Saddam con el 11/9– anuncia que las cosas “están en una espiral sin control” en Siria. Han estado haciendo eso al menos durante seis meses. ¿Se acaban de enterar?

Y entonces Obama nos dijo la pasada semana que “dado el arsenal de armas nucleares del régimen, continuaremos dejando en claro a Assad… que el mundo está vigilando”. Ahora bien, ¿no fue un periódico del condado Cork (Irlanda) llamado The Skibbereen Eagle, temeroso de los designios de Rusia para con China, el que declaró que estaba “vigilando… al Zar de Rusia”? Ahora es el turno de Obama de enfatizar cuán poco poder tiene él en los tremendos conflictos del mundo. ¡Cómo debe estar temblando Bashar!

Y además está Iraq, quien nos debe estar tan agradecido. La semana pasada sufrió en el mismo día 29 ataques con bombas en 19 ciudades que mataron a 111 civiles e hirieron a otros 235. El mismo día, el baño de sangre en Siria consumió aproximadamente el mismo número de inocentes. Pero Iraq estaba en lo “último de la página” alejado de Siria, enterrado “bajo el doblez” como decimos los periodistas, porque, por supuesto, nosotros dimos a Iraq la libertad, la democracia jeffersoniana, etc., etc. ¿No fue así? Así que esta carnicería al este de Siria no tuvo el mismo impacto, ¿no es así? Nada de lo que hicimos en 2003 provocó el sufrimiento de Iraq, ¿no es cierto?

Y claro, estamos nosotros: nosotros mismos, estimados liberales que acudimos rápidamente a las calles de Londres para protestar por el asesinato israelí de los palestinos. Con toda razón, por supuesto. Cuando nuestros líderes políticos condenan tan alegremente a los árabes por su salvajismo, pero son demasiado tímidos para pronunciar una palabra de la más suave crítica cuando el ejército israelí comete crimines contra la humanidad –u observa cómo sus aliados lo hacen en Líbano– la gente común tiene que recordar al mundo que no es tan tímida como los políticos. Pero cuando la suma de muertos en Siria llega a 15 000 o 19 000 –quizás 14 veces el número de víctimas de las del salvaje ataque de Israel a Gaza en 2008-2009– ni un manifestante, a no ser los expatriados sirios en el extranjero, sale a la calle a condenar estos crímenes contra la humanidad. Los crímenes de Israel no han sido a esta escala desde 1948. Correcta o incorrectamente, el mensaje que se envía es sencillo: exigimos justicia y el derecho a la vida de los árabes sin son asesinados por Occidente y sus aliados israelíes, pero no cuando son asesinados por sus iguales árabes.

Y durante todo ese tiempo, nos olvidamos de la “gran” verdad. Que este es un intento por aplastar la dictadura siria no debido a nuestro amor por los sirios o nuestro odio por nuestro antiguo amigo Bashar al-Assad, ni debido a nuestra indignación por Rusia, cuyo lugar en el panteón de los hipócritas queda claro cuando vemos su reacción ante todos los pequeños Stalingrados por toda Siria. No, todo esto es por Irán y nuestro deseo de aplastar a la República Islámica y sus infernales planes nucleares –si es que existen– y no tienen nada que ver con los derechos humanos o el derecho a la vida o a la muerte de los bebés sirios.

Quelle horreur!

* Publicado en Progreso Semanal

 

Fuente: Saul Landau | http://www.cronicapopular.es

 

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