Contra el reformazo y el miedo

Decenas de miles de andaluces marchan en las capitales contra el decretazo impuesto por el presidente Rajoy

La manifestación en Sevilla pasó por delante de la sede del PP andaluz, en la calle San Fernando. La Policía Nacional tenía protegida la puerta. Ningún dirigente conservador estaba allí –todos estaban en su congreso, a varios kilómetros de distancia, en Fibes– para escuchar los pitos, los cánticos e insultos que los miles de trabajadores y parados que marcharon por allí le dedicaron a su reforma laboral. “Fuera, fuera”; “ahí está la cueva de Alí Babá”; ¿dónde están? No se ven, los niñatos del PP”.

Unos pocos huevos y unas pocas naranjas fueron lanzadas también contra la fachada ante la mirada de tres agentes de policía. Nada grave. “Eso es lo que ellos quieren”, avisaba una sindicalista. Que haya violencia para criminalizar las protestas. Pues no la hubo. De hecho, buena parte de la manifestación se desarrolló en un tono silencioso, poco ruidoso, lo que llevó a más de uno a pensar que existía cierta “resignación” y decaimiento de espíritu entre los manifestantes, “como si no estuviera en sus manos cambiar las cosas, cuando sí lo está”.

La protesta comenzó en la Puerta de Jerez. Miles de trabajadores y parados se congregaron en Sevilla tras una pancarta en la que se leía “No a la reforma laboral”. Desfilaron tranquilamente, al son de los petardos que sonaban con estruendo en la calle San Fernando. La mayoría agitaban banderas de CCOO y UGT. Había también de CNT, CGT, IU, Izquierda Anticapitalista, del Sindicato Andaluz de Trabajadores, estaban integrantes del movimiento Anonymous, también del 15-M. Entre este maremágnum de gente unida en contra del reformazo del presidente Mariano Rajoy, destacaba una persona que portaba una pancarta, desubicada, surrealista, que rezaba, en trazo negro, sobre un cartón: “No al Senado”.

Un trozo de mierda en el BOE

Y había otra, trabajada en casa, que resumía la situación en un solo golpe de vista: Sobre un fondo blanco, su autor había pegado un ejemplar del Estatuto de los Trabajadores. Y a su izquierda un folio con el membrete oficial del BOE en el que se leía Real Decreto-ley de reforma del mercado laboral. Y debajo, donde debería ir el texto y el articulado, este se había sustituido, sencillamente, por un trozo de mierda, de los que se obtienen en tiendas de artículos de broma.

“Esto es lo que sabíamos que iba a pasar. Se le ha dado tanto poder a la derecha que quieren eliminar los avances, poquitos, que teníamos. Van a recortar todo. Como ciudadana responsable, tenía que estar aquí”, decía Pepa García, maestra. María Dolores Menéndez, empleada pública en Sevilla, argumentaba: “No quiero perder los derechos, con todo lo que nos ha costado conseguirlos. Hemos retrocedido muchos años. Quiero libertad para ellos y para mí. Tengo dos hijos, ambos con carreras, uno está en paro, y el otro es mileurista y con una hipoteca de 700 euros”. Pedro Llorente, empleado público, se temía que, después de esta reforma, el Gobierno acometa otras aún más perjudiciales para el trabajador. “No me gusta nada de lo que se está fraguando. Esto es el principio de algo aún más gordo. Soy partidario de que haya una huelga general. Pero tenemos miedo. No me explico por qué no estamos todos aquí”.

Lola González, también empleada pública, está de acuerdo con Pedro: “Habrá que hace una huelga general”. Lola quiere añadir: “Con la reforma, los empresarios van a poder hacer lo que les salga de los cojones. Los convenios ya no sirven. No me podía quedar en casa”.

Más movilizaciones

Además de en Sevilla, decenas de miles de ciudadanos marcharon pacíficamente por el centro de las capitales de provincia. Las marchas más numerosas se produjeron en Córdoba, Málaga, Granada y en Sevilla, a la que acudieron los secretarios generales de CCOO y UGT, Francisco Carbonero y Manuel Pastrana.

“Se producirán más movilizaciones. Serán permanentes, continuadas y en oleadas contra la reforma laboral y contra las distintas reformas que perjudican los intereses de los trabajadores y ciudadanos y que nunca atacan a los poderosos, a los que más dinero tienen, pero que hacen recaer todo el coste de la crisis sobre la gente normal, los ciudadanos y la clase media”, dijo Pastrana.

Carbonero lamentó que “en Sevilla se ha dado el contraste de que mientras que miles de trabajadores salen en defensa de sus intereses, a combatir el miedo y a buscar políticas que generen empleo y beneficien a las personas en paro. Frente a eso, en Sevilla Este, está el PP aplaudiendo los recortes al servicio de los mercados, que sólo buscan el empobrecimiento de la gente”.

 

Fuente: www.publico.es

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