Los mayores bancos centrales triplican su balance para luchar contra la crisis

  • El BCE, con 3 billones de euros, posee el mayor patrimonio
  • El dinero creado se ha usado para asistir a la banca y comprar deuda
 
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Ante una crisis histórica, reacciones sin precedentes. Es la máxima a la que se están aferrando los principales bancos centrales para plantar cara a los problemas económicos y financieros desatados desde 2007. Y esas medidas, con las que los señores del dinero se han adentrado en un terreno desconocido porque nunca antes se habían activado iniciativas semejantes, están deparando igualmente consecuencias insólitas. Entre ellas, sobresale el crecimiento exponencial de los balances de las instituciones monetarias. De media, su dimensión se ha triplicado en los últimos cuatro años y medio, con múltiplos que oscilan entre las 2,5 veces del Banco Central Europeo (BCE) y las casi 5 veces del Banco de Suiza.

 

Aunque el incremento proporcional del BCE ha sido el menor entre los grandes de la banca central, ese aumento basta para que su balance sea el más voluminoso de todos. Alcanza los 3,02 billones de euros, cuando a comienzos de agosto de 2007 -justo antes de la primera reacción de urgencia que la entidad llevó a cabo para respaldar a la banca- se situaba en los 1,19 billones. Un aumento de 1,8 billones alimentado por las extraordinarias iniciativas activadas por el BCE durante la crisis.

En palabras del propio Mario Draghi, presidente de la entidad desde noviembre de 2011, «medidas no convencionales para una situación no convencional». En este sentido, sobresalen los dos préstamos a tres años que la institución concedió a los bancos el 21 de diciembre y el 29 de febrero. En conjunto, ambas operaciones han engordado de forma neta el balance del BCE en 0,5 billones de euros, es decir, un 27% del incremento total desde el verano de 2007.

Al mismo tiempo, ese cambio cuantitativo ha modificado la estructura del balance. Hace cinco años, las operaciones principales de financiación, con las que el BCE aporta liquidez semanal de los bancos, suponían el 25% del activo de la institución. En la actualidad, apenas representa el 1%. En cambio, las operaciones de liquidez a largo plazo apenas representaban el 12,6%, mientras que ahora, tras los dos préstamos a tres años, su peso ha subido hasta el 36,4%.

La misma estrategia de aumentar el tamaño del balance ha sido empleada por la Reserva Federal (Fed) de EEUU, el Banco de Inglaterra y el Banco de Suiza. En su caso, han incrementado su artillería fundamentalmente a través de distintos programas de compras de deuda en el mercado. Aunque a menor escala, otras instituciones también han dopado sus balances.

Según los cálculos oficiales, el arsenal total de los bancos centrales de los países desarrollados y emergentes se ha duplicado desde 2007 y alcanza ya los 18 billones de dólares -alrededor de 13,6 billones de euros-. «En los países emergentes, por el aumento de las reservas. En los desarrollados, por la compra de deuda pública y asistencia a la banca», explica José Martínez Campuzano, estratega de Citi en España.

Situación excepcional

En última instancia, el aumento del balance de los bancos centrales supone que han creado dinero para combatir la crisis, es decir, para permitir que la sangre -el dinero- siguiera circulando por el cuerpo -la economía- tras el infarto sufrido por el corazón de la economía -sistema financiero-. «Los bancos centrales se han convertido en verdaderos supermanes que cuidan y avalan que todo siga funcionando», confirma Martínez Campuzano.

Pero la función cuidadora que han asumido los bancos centrales posee sus riesgos. En principio, la ampliación de la base monetaria podría generar presiones inflacionistas, algo que divide a los propios banqueros centrales y a los expertos. Mientras unos ven en esa consecuencia un aliado contra la deflación -caída general de los precios-, otros temen que rompa la ortodoxia monetaria.

Al mismo tiempo, hay voces que critican los mayores riesgos que están asumiendo los bancos centrales. A su juicio, se han convertido en una suerte de bancos malos. En este sentido, el ex economista jefe del BCE, Jürgen Stark, advirtió la semana pasada de que «el balance del BCE no solamente posee un tamaño gigantesco, también tiene una calidad horrorosa».

En este sentido, sin embargo, los bancos centrales son distintos a los privados. «En cuanto a los riesgos del balance, son relativos con respecto a otro banco. Si se producen pérdidas, el banco central puede recurrir a dos cosas. Una es imprimir moneda y asunto arreglado. Otra es aprovechar su situación privilegiada para evitar esas pérdidas mediante trucos contables (caso del canje griego)», explica Alberto Matellán, de Inverseguros.

 

Fuente: El Economista.es

 

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